La importancia del contrato emocional en la empresa

 In Alto Rendimiento, Gestión de las relaciones, Team building

El denominado contrato emocional podría definirse como la relación, normalmente inconsciente, que existe entre un empleador y cada uno de sus empleados. Se trata de una relación bidireccional. La organización espera ciertos comportamientos de sus trabajadores: algunos de ellos pueden reflejarse en los valores de la organización, mientras que otros pertenecen a las reglas no escritas de trabajar en una compañía determinada.

Por otro lado, cada empleado espera también ciertas cosas de la organización a nivel general y de su gerente o líder a nivel individual. Estos aspectos deben estar alineados con los valores y las creencias personales del empleado, así como con lo que significa para él ser un buen directivo.

El problema es que cada empleado tiene unas reglas que reflejan sus valores y sus creencias, sus decisiones y experiencias anteriores, etc., y que son únicas para cada uno de ellos. Y estas sutiles diferencias hacen que sea difícil entenderlas y administrarlas de forma efectiva. El problema se vuelve aún más complejo porque a menudo la gente no puede articular sus reglas. Cuando se rompen, solo llegan a tener conciencia de ellas al sentirse desmotivados o con poco sentimiento de pertenencia a la compañía.

Estas reglas no escritas del contrato emocional existen para el jefe y para la organización en su conjunto. La organización debe ser absolutamente clara acerca de sus expectativas hacia los empleados y lo que va a ofrecerles a cambio, más allá de la remuneración económica. Siempre debe, sin falta, mantener los compromisos. Para ello, son necesarios directivos y líderes emocionalmente inteligentes que desarrollen una relación sana con cada persona de su equipo, con el objetivo de ser conscientes de cómo se sienten los demás y entender la causa de posibles estados de ánimo negativos.

 

 

El contrato emocional no es un acuerdo que se firma como el de papel. Es, como decíamos, un compromiso mutuo entre la empresa y los trabajadores para ir de la mano hacia un objetivo común. Implica un nivel muy alto de comprensión bidireccional que permite al trabajador entender que la empresa tiene que ganar dinero por el bien de todos y al empresario, comprender que el trabajador es bastante más que un índice de productividad o un gasto salarial.

La Academy of Executive Management define este contrato emocional como un conjunto no escrito de expectativas que operan entre cada miembro y la organización. Y se caracteriza por compromisos bilaterales constantes entre empresa y empleados e implica que ambas partes son compañeros y socios en la consecución de los objetivos y beneficios, sean estos económicos o no.

El contrato emocional está relacionado en muchos casos con el llamado salario emocional. Este tipo de retribución no económica incluye una serie de aspectos que el trabajador puede obtener de la empresa. El objetivo es incentivar de forma positiva la imagen que el empleado tiene de su ambiente laboral e incrementar su productividad, así como satisfacer las necesidades personales, familiares o profesionales que manifiesta, mejorando su calidad de vida y fomentando un buen clima organizacional.

 

 

Las nuevas generaciones de trabajadores, los millennials, ya no tienen suficiente con el salario económico; necesitan también otro tipo de retribución que les ayude a conciliar la vida profesional y familiar, que sea afín con sus valores y que contribuya a reconocer su talento y capacidades. Hoy en día, aquellas organizaciones que se han situado a la vanguardia de la gestión del talento y del capital humano ofreciendo a sus empleados un contrato y salario emocionales son las empresas preferidas por las nuevas generaciones, las conocidas como Best Places to Work.

Es difícil cuantificar este tipo de contratos emocionales a causa principalmente de la volatilidad o arbitrariedad de las prestaciones pactadas. Es cierto que sus beneficios no son económicamente medibles, ni tampoco las expectativas y los derechos generados con ellos. Pero las ventajas conseguidas a nivel de mejora de los niveles de motivación, productividad, eficacia, talento y compromiso con la empresa pueden ser muy importantes para la organización.

Una de las desventajas del contrato emocional es que solo se suele valorar cuando se pierde, por lo que es imprescindible que, en las empresas en que se aplica, tanto los trabajadores como los directivos y líderes sean conscientes de ello y se impliquen en su cumplimiento.

 

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