La inteligencia emocional y el liderazgo

 In Alto Rendimiento, Liderazgo

ÍNDICE:

  1. Inteligencia emocional y conciencia de uno mismo para ser un buen líder
  2. La fuerza y la dirección de las emociones
  3. La suposición inteligente

 

1.- Inteligencia emocional y conciencia de uno mismo para ser un buen líder

En el post anterior veíamos de nuevo los conceptos de resonancia, sentido del humor y las dimensiones de la inteligencia emocional. En el post de hoy seguiremos describiendo los dominios fundamentales de la inteligencia emocional para ser un líder eficaz y competente.

Quien sabe reírse de sus propias debilidades, además de ser realista con sus emociones sin una autocrítica excesiva ni una esperanza inabarcable, tiene conciencia de sí mismo. Conocer sus valores, sus objetivos y sus expectativas siendo sinceros consigo mismos resulta vital para llegar a ser felices ya que las decisiones que tomes no entrarán en conflicto con tus valores y, por lo tanto, podrás llegar a ser un buen líder.

 

 

“Las conciencia de uno mismo consiste en la comprensión profunda de nuestras emociones, así como también de las propias fortalezas, limitaciones, valores y motivaciones”

La tendencia a la reflexión quizá sea el signo más claro de autoconciencia aunque también el menos visible, ya que la meditación conlleva la reflexión en silencio y el camino hacia la consciencia de uno mismo está cargado de eso.

Las personas que poseen una autoconciencia mayor, responden a los estímulos de una manera más ponderada y menos impulsiva. No existe una única vía de trabajo de la autoconciencia, ésta puede derivar desde la vida espiritual de la persona, pasando por la oración, la meditación o algunas formas más filosóficas.

 

2.- La fuerza y la dirección de las emociones

Los pensamientos cargados emocionalmente se encuentran dispuestos en jerarquía, de manera que lo que nos atrae y nos gusta está más elevado, mientras que lo que nos repele o aborrecemos, se encuentra subordinado. Por lo que es esencial encontrar aquello que más nos emocione porque esto, resultará mucho más estimulante para nuestro cerebro.

Todo ese proceso que en principio puede parecernos obvio tiene una justificación científica detrás, ya que se ha averiguado que esto ocurre en la región prefrontal del cerebro, donde se encuentra la atención, la conciencia de uno mismo y nuestro orden de preferencias. Cuando estamos luchando por alcanzar una meta, los pensamientos positivos son llevados a esa región del cerebro y nos empujan hacia ella. Por lo que, desde el punto de vista de la neurología, todo esto depende de la capacidad que tenga la mente de cada uno para recordarnos el bienestar surgido de alcanzar esa meta.

 

 

“Saber lo que realmente importa: la fuerza y la dirección de las emociones son las que determinan que nos sintamos atraídos o repelidos por un determinado objetivo”

La ciencia es capaz de explicar el porqué de una persona pesimista, o por el contrario, de alguien muy positivo y optimista. La alegría, la satisfacción o la excitación son, entre muchos otros, motivadores que comparten el mismo circuito que conecta la amígdala con el lóbulo prefrontal izquierdo, que se conecta gracias a una corriente de buenos sentimientos. Además, como si todo esto no fuese suficiente, también son los encargados de modular los sentimientos contrarios como la frustración o preocupación.

 

3.- La suposición inteligente

No es una suposición acerca de las suposiciones, lo dice la ciencia, la memoria emocional nos capacita para juzgar adecuadamente la información, por lo que conectarnos a nuestros sentimientos ayuda a procesar los datos, mejorarlos y por lo tanto, hacer más eficaz el proceso de toma de decisiones. Así, podríamos afirmar que “las emociones no se oponen a la razón, forman parte de ella”.

 

 

“La suposición inteligente es una habilidad que deriva de la conciencia de uno mismo y que permite al líder aplicar su sabiduría de la vida a sus decisiones laborales”

La intuición, aunque esté infravalorada, ocupa un lugar privilegiado ya que la toma de decisión y la estrategia a seguir a través de la visión como líder no depende de datos racionales. Así, día tras día, el líder aprende a tomar decisiones en consecuencia a sus causas y efectos, aumentando y elaborando su sabiduría aunque disminuya su capacidad de aprender nuevas habilidades técnicas. Este constante aprendizaje produce en el cerebro unas pautas decisivas que no es necesario expresar verbalmente, ya que la parte emocional del mismo se encarga de esta tarea activando los circuitos que conectan el sistema límbico con las vísceras, aportando una sensación de convicción y optimismo.

 

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