Cómo organizar una sesión de team building sobre valores
Los valores son la brújula que guía nuestra vida. Nos condicionan a la hora de tomar decisiones, asumir nuevos retos y relacionarnos con las personas y con nuestro entorno. Nos ayudan a vivir una vida con sentido y con coherencia, y nos aportan el coraje necesario para perseguir nuestro propósito vital.
Los valores son el vínculo fundamental existente entre las creencias y el comportamiento. Algunos forman parte de nuestra esencia, mientras que otros se adquieren a través del entorno, la educación, la sociedad, etc. Los valores fundamentales no suelen cambiar a lo largo de la vida, pero sí pueden priorizarse de forma diferente según el momento vital o las circunstancias personales de cada uno. Si no vivimos de acuerdo con nuestros valores o actuamos en contra de ellos, no nos sentimos bien internamente.
Por este motivo, es importante descubrir los valores de cada empleado y ver de qué forma están alineados con los valores de la empresa. Un equipo con valores comunes a los de la compañía generará un ambiente de trabajo más positivo, cohesionado, eficaz y productivo.
Los valores son los pilares de la empresa y, por tanto, no solo necesitan ser definidos, sino que tienen que estar vivos y en continuo desarrollo. La propia empresa es la responsable de mantenerlos, promoverlos y divulgarlos día a día. De esta manera, los trabajadores tendrán una mejor oportunidad de saber su significado y ponerlos en práctica en su actividad laboral.
Dotar a la empresa de unos valores claros y bien especificados ayudará a darle una personalidad fuerte a ella y un sentimiento de pertenencia a sus miembros, que se sentirán como una comunidad que trabaja para conseguir unas mismas metas y objetivos.
Los valores comunes a trabajadores y empresa se denominan valores compartidos. El crear un ambiente donde se compartan unos valores favorecerá el rendimiento y el éxito de la empresa.
Las sesiones de team building centradas en descubrir los valores de cada miembro del equipo son muy eficientes, pues al identificar y trabajar los valores, es posible saber hasta qué punto están alineados con los de la empresa.
Si los miembros del grupo consiguen identificar, priorizar y alinear sus valores es posible que se produzcan cambios que afecten de forma positiva a sus capacidades, actitud y entorno laboral y personal. Clarificar los propios valores permite tomar mejores decisiones y vivir en consonancia con lo que para uno es importante en la vida.
Para organizar una sesión de team building sobre valores es necesario contar con la coordinación de un coach certificado experto en valores, que será el que conducirá la dinámica para ayudar al grupo a definirlos.
A lo largo de la sesión se pueden utilizar diferentes técnicas para descubrir cuáles son los valores fundamentales de cada miembro. Una de ellas consiste en escribir en un papel el nombre de tres personas a las que admiramos y definir qué valores destacamos en cada una de ellas. También se pueden seleccionar valores en una lista, empezando por elegir los 20 principales, luego 10 y así sucesivamente, hasta quedarnos con 5 valores fundamentales.
Una vez identificados los valores, el siguiente paso consiste en ordenarlos del 1 al 5, en función de la importancia que tiene cada uno de ellos en nuestra vida. Después se puntúa del 1 al 10 el grado de satisfacción actual con cada uno de estos valores y el grado de satisfacción que se pretende alcanzar en un futuro.
De esta manera, se consigue ver de forma rápida y gráfica cuáles son aquellos valores que no están alineados con la vida actual de cada participante pese a formar parte de su esencia. Este hecho puede estar afectando al rendimiento laboral o a la relación con los compañeros o la empresa. De ahí la importancia de clasificarlos por orden de prioridad y de decidir cuál o cuáles se quieren mejorar.
Acompañado por un coach, cada participante podrá crear su propio plan de acción personalizado, concretando aquellas acciones específicas que se compromete a realizar con el fin de incrementar el grado de satisfacción respecto a sus valores fundamentales en un periodo determinado. En esta fase, lo mejor es realizar una lluvia de ideas inicial anotando cualquier cosa que cada persona crea que puede contribuir a mejorar aquel o aquellos valores con una puntuación más baja. A partir de ese listado inicial, se definirán pequeñas acciones para llevar a cabo, especificando qué, cómo y cuándo se realizarán.

